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martes, agosto 9

Laura Crespi





Mencionada por:
Valeria Meiller

Menciona a:

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DIANA HENDERSON
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JOSÉ VILLA
MANUEL ALEMIAN
SEBASTIAN BIANCHI


BIO

LAURA CRESPI nació en San Fernando en 1973. Publicó poesía: Días de Besos (2006), Una onda magnética (2008), Árboles alineados (2010/2015), La vida interior (2010), la antología Invisible Vanidad (2010) y Primavera (2014), y el ensayo Un blanco móvil. Filosofía, literatura y metáfora (Santiago Arcos, 2009). Editó sus traducciones de Wallace Stevens y Elizabeth Bishop en la colección de plaquetas artesanales CUADERNOS DE TRADUCCIÓN, donde también editó el libro objeto POETAS JAPONESAS. 


Poemas:

árboles alineados (fragmentos):


Soñé que por fin me hablabas, y en susurros empezamos a escuchar las voces que salían del cuarto contiguo. Entonces borramos las palabras que estaban escritas sobre el vidrio que nos dividía de ellos, y aparecieron líneas aguadas, largas gotas, para descifrar en lo reaparecido algo. Nada se veía entre el vapor. Sólo nadaban indicios de esa circunvalación fortuita que nos reunía a todos.

En el sueño se cruzan fugaces distintas escenas, vistazos que más tarde emplazaban las arenas movedizas al rodearnos. Los dos esperábamos que alguien manifestara antes el núcleo del riesgo, sabiendo que igual el tiempo estaba perdiéndonos solos.

En la ciudad brillan las vidrieras con huevos de pascua y alguien se convierte en oro en medio del follaje.

Una placa negra que sostiene trenzas de hilo negro. Ella deja en su cabeza guirnaldas de flores apoyadas en sus ojos, aros que desprenden una a una las miradas que van a insinuar la lejanía como un síndrome de otra bienvenida. En una combinación de todo lo presente y lo pasado, durante la vuelta del camino la lluvia se desplaza rítmicamente sobre el parabrisas.

De los trazos agrupados en dos círculos que hacíamos con lápiz verde, los árboles dibujados parecen moverse en un costado de la ruta litoral.

Intentando repasar los hechos descubro una intensidad en esa permanencia tan difusa. La vigilia apresa esa pared de niebla que era fácil construir al despertarnos. Luego sueño y algo se introduce en mis oídos con un golpe.

Suave o nítida figuraba una voz el aire. Perseguía la velocidad y entrando por un pasadizo en curva, los árboles alineados movían en espiral el viento.

El día de vacaciones nos reúne en una cápsula de humo. Las voces se adhieren como una segunda piel al silencio de algo así como un fuero interno. Conservando alguna imagen del pasado quedamos envueltos en la niebla, despidiendo la claridad de esa esfera enrarecida por la droga.


Contenía todo lo que parecía que pasaba en una intencionalidad autónoma, y a la vez desviada de lo que nos proyectábamos en los inicios de la reflexión.

Percibo en la calle una circulación perfecta. Automóviles y bicicletas ceden ante un grupo de peatones del que formo parte. Cruzo, entro al barrio nuestro, dejo tras de mí una estela de agua que va desapareciendo. Algo de lo que una vez vino a fijarse y a cercar una inscripción siempre tardía, vuelve, entre voces del sueño que siguen un circuito de transparencia.

El agua que se desplaza y rompe...

Volvemos al mar y ella, como una realización que se corporizara entre e vapor que nos rodea otra vez ahora, sigue y se despista ondeando sobre cierta volátil frecuencia donde suelen parpadear los hilos que comprenden esa visualización del otro, para poder apresarlo con una palabra blanca, con la espuma de algunos días afuera.


Editado en:
Mata-Mata Latinoamericana 2010
Vox 2015


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