EL MOTOR DE LA ALDEA ENLOQUECIDA
“Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece...”Nicanor Parra
Las vidrieras donde la niña veía su reflejo
son ahora los ojos quebrados del asesino.
El mercado aldeano enloquece a todos.
Los bárbaros traspasamos las fronteras y tapiales
cargando ganzúas articuladas para abrir sus puertas
y carruajes;
nuestros nietos ingresaron reptando y sollozando
disminuidos.
Aldeanos, irrumpiremos en sus bocas y en sus cuevas,
en esta comedia somos los fregadores,
los cambia-pañales extra-large,
las Cabezas Oscuras del Incendio
(léase “Cabecitas Negras”
en el Manual Indoeuropeo del Buen Tejedor):
pieza fundamental del motor;
devorando los fragmentos del Banquete C.A.V.A.
seremos inmunes a la ausencia y a las plagas,
nuestro estómago es una bodega
y nuestra boca la tormenta de reclamos,
de querellas atendidas a medias.
Nuestras hijas son mariposas grises,
nuestros hijos poetas extraordinarios
que jamás recibieron premios ni distinciones.
Aldeanos, lo que sacrificamos en un exhalo
cuesta cuatro bosques y un río,
nosotros llenaremos sus panzas
y meceremos a sus hijos
(futuros violinistas y lamecuevas),
ustedes saldrán cada día a tensar las cuerdas
que nosotros enceramos,
a echar combustible al motor;
este circoito no le importa a nadie,
a nosotros menos que a nadie.
© Juan Ramón Ortiz Galeano
(“El Motor de la Aldea Enloquecida” pertenece al libro de próxima edición “De la Patria Sangrante y la Aldea Enloquecida”)
2
LLEVADO POR LOS FAROS DEL BOSQUE
¿Qué sonido trae el horizonte,
qué sonido?
arde un tam tam lejano y mío,
se enciende en mi centro un anhelo, un estampido
nocturno que reverbera desde el suelo
y huele a damasco y quebrachales.
¿Qué llamado se deshoja desde el cerro,
qué llamado?
asemeja un alarido inquieto, ingrávido, codiciado,
y en mis oídos un puño de ríos invulnerables
inicia su trote firme y milenario...
palpando, acariciando el curso fértil,
intuyo palmas de ombúes, de ciruelos, de nogales.
¿Qué luces destellan desde la espesura,
qué luces?
en mi retina jadeante fulgura
una constelación de bestias y luciérnagas,
y mientras descifro su código mudo y musical
-esplendoroso, inmemorial- resplandece
la belleza de los búhos (faros del bosque),
así sus ojos: senderos
de barro y luz atravesando el aguacero del olvido,
ya me indican el destino, y ya lo entiendo,
ya lo acepto, ya me muevo,
ya sigo el derrotero...
© Juan Ramón Ortiz Galeano
(“Llevado por los Faros del Bosque” fue publicado en la antología “Poemas Inolvidables” -ISBN 10: 0983245045 / ISBN 13: 978 0983245049-. Pertenece al libro de próxima edición “De la Patria Sangrante y la Aldea Enloquecida”)
TAN LEJOS, A UN PASO LUZ...
“Siguen clavándole esos clavos en los ojos
ardientes,
aunque sigue mirando
morena, mutilada, revoltosa y sangrante
velando por los hijos (esas sombras anónimas
que la siguen llevando)”
Elvio Romero
Parados uno frente al otro,
nos reflejamos,
pero en el reflejo estamos de espaldas
(o en el reflejo hay algo que nos confunde);
tan lejos, hermano americano,
tan lejos, a un giro, a un paso luz...
Busco tus ojos y no los encuentro,
y pienso: “Tal vez estén ocupados
en busca los míos...”
y tal vez estén tan lejos,
hermano americano, tan lejos,
a una mirada, a un paso luz.
Entonces busco tu atención,
pero no la consigo;
te hablo, te llamo,
te grito y no me oyes;
y pienso: “Quizá sus gritos
le impiden oír los míos”
... y si los gritos con que intentas responderme
te impiden escucharme,
y si los gritos mutuos nos impiden entendernos,
es que estamos tan lejos, hermano americano,
tan lejos, a una pausa de distancia,
a un paso luz.
A veces te encuentro callado,
ensimismado y cabizbajo,
y no me atrevo a importunarte,
y los dos, permanecemos en silencio...
y me pregunto: “¿No será él
quien no se atreve a importunarme,
pues también me ve callado,
ensimismado y cabizbajo?”
estamos tan lejos, hermano americano,
tan lejos, a un llamado de distancia,
a un paso luz.
Otras veces te encuentro lastimado,
y no me contengo,
y me atrevo, y me acerco
a limpiar tus heridas;
y mientras lo hago veo sin sorpresa
que tu sangre
también brota de mis manos,
y lo veo sin sorpresa,
hermano americano,
porque tus heridas, hermano mío,
tus heridas… también son mías.
© Juan Ramón Ortiz Galeano
(“Tan lejos, a un paso luz...” fue publicado en las antologías “Una isla en la isla” -ISBN 10: 0983245002 /
ISBN 13: 978-0983245001- y “Poemas Inolvidables” -ISBN 10: 0983245045 / ISBN 13: 978 0983245049-. Pertenece al libro de próxima edición “De la Patria Sangrante y la Aldea Enloquecida”)